El monolito, que alude a la antigua ermita de Santa Ana que estuvo instalada en ese punto donde posteriormente se instaló un monumento religioso, tiene como objetivo preservar la identidad cultural de la localidad  

Miguel Esteban celebró el viernes la festividad de San Andrés, patrón de la localidad, que este año incluyó como novedad la inauguración de un monolito frente a la estatua de la Vendimiadora.

La jornada arrancó con la tradicional eucaristía en la Parroquia migueleta. Tras ello, cientos de migueletes junto a las autoridades municipales, al personal eclesiástico y a la Banda Municipal de Música ‘Santa Cecilia’, acompañaron a la imagen de San Andrés en procesión por la calle Real hasta llegar al punto donde se encontraba cubierto por una tela el misterioso elemento que despertó la curiosidad entre los vecinos durante los días previos.

El alcalde, Pedro Casas, acompañado por la concejal de Cultura, Esperanza Ramírez, fueron los encargados de descubrir dicho monolito ante la atenta mirada de los vecinos de Miguel Esteban.

El objetivo de esta actuación, tal y como reza en la inscripción y explicaba el alcalde, es “preservar la identidad cultural de Miguel Esteban y valorar el patrimonio histórico de la localidad, porque nuestro pueblo es un pueblo moderno pero también cuenta con tradiciones antiguas y un patrimonio histórico que aunque, en muchas ocasiones, haya desaparecido queremos recuperar y mostrar a las futuras generaciones”.  

Por su parte, la concejal de Cultura, Esperanza Ramírez, indicó que en el lugar donde se ha ubicado el monolito existió una ermita mandada construir a finales del siglo XVI por el clérigo Gonzalo de Tapia, hijo de la villa. De ella, no quedó ni un vestigio pero sí se sabe que “al final de la calle Santa Ana, en este emplazamiento, se levantaba un monumento religioso (tal vez una cruz o varias) en el que nuestros antepasados terminaban el Vía Crucis, por lo que a este lugar lo llamaron comúnmente como ‘El Calvario’”.

El monolito fue bendecido por el párroco miguelete, Juan Antonio López Pereira, y fue muy bien acogido por los vecinos que se dieron cita en este “antiguo cruce de caminos, donde se levantan los arcos del Parque Municipal y donde los migueletes recogen la herencia de sus antepasados y siguen reconstruyendo la historia”, concluía la concejal, quien dio las gracias al párroco, a los historiadores locales y al personal del Ayuntamiento por colaborar en esta iniciativa.

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